Arenga en sol mayor (sonatina)

Cantemos esta tierra, vida mía,
que sea a rienda suelta y boca llena
y no la invada el eco de sirena
que aúlla en las ciudades de agonía.

Sembremos clarinetes por un día
y develemos la sutil colmena
que esconde el laberinto de la pena
a un paso de volvernos sinfonía.

Y que otros lloren la cuestión del oro
y midan cada gesto con decoro
o los asole la melancolía.

Nosotros divulguemos el tesoro.
Icemos hasta el sol un blando coro
que llueva en la esperanza y se haga guía.

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